Semana Mundial del Agua 2026

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El Reto de Cuidar el Recurso de la Vida y El Progreso

Por: Gilberto de los Santos Cruz.

Del 23 al 27 de agosto de 2026, el mundo vuelve la mirada hacia uno de sus recursos más valiosos: el agua. En Estocolmo, Suecia, y con participación virtual desde distintos países, se desarrolla la Semana Mundial del Agua 2026, organizada por el Instituto Internacional del Agua de Estocolmo (SIWI), bajo el lema “Agua para las personas y el progreso”. El encuentro reúne a especialistas, gobiernos, organismos internacionales, investigadores, organizaciones sociales y representantes de distintos sectores para analizar uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo: garantizar agua suficiente, segura y sostenible para las generaciones presentes y futuras.

La importancia de esta jornada no es menor. La Semana Mundial del Agua tiene sus antecedentes en 1991, cuando se realizó el primer Simposio del Agua de Estocolmo, que reunió a alrededor de 500 especialistas. En 2001, el encuentro evolucionó y adoptó el nombre de World Water Week, ampliando su visión para incorporar no solamente a científicos, sino también a gobiernos, sociedad civil, organismos internacionales y otros sectores vinculados con el desarrollo. Desde entonces se ha convertido en uno de los principales espacios internacionales para discutir políticas, innovación y cooperación en materia hídrica.

Un problema que ya no puede esperar

Hablar de agua es hablar de vida, salud, alimentación, economía, energía, educación y desarrollo. Sin embargo, el crecimiento de la población, la urbanización acelerada, la contaminación, la sobreexplotación de los acuíferos y, cada vez con mayor intensidad, el cambio climático, están modificando la disponibilidad del recurso.

El problema no consiste únicamente en que exista menos agua en determinados territorios. También está relacionado con cómo se distribuye, quién tiene acceso a ella, cómo se utiliza y cuánto se contamina.

Por ello, el lema de este año resulta particularmente significativo: “Agua para las personas y el progreso”. No se trata solamente de disponer de grandes cantidades de agua, sino de asegurar que llegue a las comunidades, a las familias, a las escuelas, a los hospitales y a las actividades productivas de manera justa y sostenible. Naciones Unidas señala que la edición 2026 pondrá especial atención en la seguridad hídrica, el acceso al agua potable y el saneamiento, particularmente en comunidades que enfrentan desigualdades persistentes.

México: un país de contrastes

México enfrenta una realidad compleja. Mientras algunas regiones reciben importantes cantidades de lluvia, otras padecen sequías prolongadas y una creciente presión sobre sus fuentes de abastecimiento.

La disponibilidad de agua por habitante se ha reducido de manera considerable durante las últimas décadas. De acuerdo con datos recopilados por el Banco Mundial, México pasó de una disponibilidad aproximada de 18 mil metros cúbicos por habitante al año en 1950 a poco más de 3,300 metros cúbicos en 2015, y las proyecciones apuntan a una disminución adicional.

A esto se suma una realidad que durante los últimos años ha sido evidente en distintas regiones: sequías, temperaturas extremas, reducción de niveles en presas y problemas de abastecimiento urbano.

Pero también existen avances. El país ha impulsado programas de infraestructura, saneamiento, modernización de sistemas y nuevas estrategias para garantizar el acceso al agua. La Comisión Nacional del Agua mantiene programas orientados a ampliar las coberturas de agua potable, alcantarillado, saneamiento y tratamiento de aguas residuales, con especial atención a las comunidades rurales.

El desafío, sin embargo, requiere mucho más que construir infraestructura. Se necesita cambiar nuestra relación con el agua: evitar desperdicios, reparar fugas, proteger bosques y selvas, conservar los ríos y acuíferos y hacer un uso más eficiente del recurso en las actividades agrícolas, industriales y urbanas.

Chiapas: una riqueza que implica responsabilidad

En este escenario, Chiapas ocupa un lugar estratégico para México.

Nuestro estado es reconocido por su abundancia de recursos hídricos, sus importantes ríos, sus cuencas y sus grandes presas. La cuenca del Grijalva-Usumacinta constituye uno de los sistemas hidrológicos más importantes del país, mientras que Chiapas forma parte de la región de mayor disponibilidad de agua de México. Información histórica de CONAGUA ha señalado que la región Frontera Sur —integrada principalmente por Chiapas y Tabasco— registra una disponibilidad de agua por habitante muy superior al promedio nacional.

Pero la importancia del agua chiapaneca va todavía más lejos: el recurso hídrico también representa energía.

La cuenca del río Grijalva concentra algunas de las principales instalaciones hidroeléctricas de México. Entre ellas se encuentra Chicoasén, una de las centrales más importantes del país, además de grandes presas como La Angostura y Malpaso.

De acuerdo con información de la Comisión Federal de Electricidad, la cuenca del Grijalva, donde se encuentra Chicoasén, es la que mayor aportación realiza a la generación hidroeléctrica nacional. La propia CFE señala que la generación hidroeléctrica continúa teniendo un papel importante dentro de la producción eléctrica del país.

Esto significa que cuando hablamos del agua de Chiapas no estamos hablando únicamente de ríos, lagos, presas o paisajes naturales. Estamos hablando también de electricidad, desarrollo económico, producción agrícola, abastecimiento humano y seguridad energética nacional.

Y precisamente por eso, la riqueza hídrica de Chiapas debe verse como una enorme responsabilidad.

Tener agua no significa que podamos desperdiciarla

Existe una paradoja que merece una reflexión profunda: Chiapas posee una extraordinaria riqueza natural de agua, pero eso no significa que todos sus habitantes tengan automáticamente acceso suficiente y de calidad al recurso.

La abundancia natural no sustituye la infraestructura, la planeación ni la justicia social.

Una comunidad puede encontrarse rodeada de ríos y, al mismo tiempo, enfrentar dificultades para contar con agua potable. Por ello, el reto para Chiapas debe ser avanzar hacia una política hídrica que combine conservación ambiental, infraestructura, saneamiento, acceso universal y desarrollo económico.

También es indispensable proteger las zonas forestales y las áreas naturales que permiten la captación y regulación del agua. La pérdida de bosques, la contaminación de ríos y la transformación de los ecosistemas terminan afectando directamente la disponibilidad y calidad del recurso.

El agua que hoy baja de nuestras montañas y alimenta nuestros ríos no comenzó su recorrido en la presa ni en la tubería: nació de un ciclo natural que depende de los bosques, del suelo, de la lluvia y de ecosistemas sanos.

Una responsabilidad compartida

La Semana Mundial del Agua 2026 debe servir también para recordar que el cuidado del agua no corresponde exclusivamente a los gobiernos.

Es una responsabilidad compartida.

Las instituciones deben diseñar mejores políticas públicas; los municipios necesitan fortalecer sus sistemas de agua y saneamiento; el sector productivo debe utilizar el recurso de manera eficiente; las escuelas pueden formar nuevas generaciones con una cultura de cuidado ambiental; y cada ciudadano puede contribuir evitando el desperdicio.

El futuro del agua también depende de decisiones que tomemos hoy.

En México, y particularmente en Chiapas, la pregunta ya no debe ser únicamente cuánta agua tenemos, sino qué estamos haciendo para conservarla, distribuirla justamente y garantizar que continúe existiendo mañana.

La Semana Mundial del Agua comenzó hace 35 años como un encuentro científico. Hoy representa mucho más: es un espacio para construir acuerdos frente a una de las mayores amenazas del siglo XXI.

Para Chiapas, el mensaje es especialmente claro. Somos tierra de grandes ríos, selvas, montañas, presas y potencial hidroeléctrico. Esa riqueza natural nos brinda oportunidades, pero también nos obliga a asumir una responsabilidad histórica.

Cuidar el agua es cuidar la vida. Cuidar los ríos de Chiapas es cuidar nuestra biodiversidad, nuestra economía, nuestra energía y nuestro futuro.

Porque el verdadero progreso no será aquel que consuma nuestros recursos naturales sin límite, sino aquel que sea capaz de utilizarlos con inteligencia, justicia y responsabilidad para que el agua siga siendo, antes que nada, agua para las personas y agua para el progreso.