
- El Derecho a la Mujer de Votar y Ser Votada
Por: Gilberto de los Santos Cruz.
El 17 de octubre de 1953 quedó grabado en la historia de México como una fecha de trascendencia nacional. Aquel día, se promulgó la reforma al artículo 34 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, reconociendo a las mujeres el derecho a votar y ser votadas en los procesos electorales. Este acto no fue un simple ajuste legal, sino el resultado de décadas de lucha, persistencia y resistencia de miles de mujeres mexicanas que exigían igualdad de derechos en una nación que, hasta entonces, las había mantenido al margen de las decisiones políticas.
Durante gran parte del siglo XX, la voz de la mujer mexicana fue relegada al ámbito privado. A pesar de su participación en momentos cruciales de la historia como la Revolución Mexicana, sus demandas políticas eran ignoradas. Sin embargo, el panorama comenzó a cambiar gracias al movimiento feminista y a figuras que levantaron la voz con firmeza, como Hermila Galindo, Elvia Carrillo Puerto, Refugio García y María del Refugio García Luna, entre otras pioneras que sembraron las bases de una causa justa.
El presidente Adolfo Ruiz Cortines, al asumir el poder en 1952, escuchó el clamor social y reconoció que la democracia mexicana no podía seguir siendo incompleta. Apenas un año después, el 17 de octubre de 1953, se promulgó oficialmente la reforma constitucional que reconocía a las mujeres como ciudadanas plenas, con los mismos derechos políticos que los hombres. Con ello, México dio un paso firme hacia la modernidad y la justicia.
De la lucha silenciosa al reconocimiento público
La aprobación del voto femenino no fue un regalo del poder, sino una conquista fruto de la organización y la persistencia de las mujeres mexicanas. Desde las primeras décadas del siglo XX, las voces feministas habían cuestionado la exclusión política. En el Primer Congreso Feminista de Yucatán de 1916, mujeres valientes debatieron sobre el papel que debían tener en la sociedad, reclamando el derecho a participar en las decisiones públicas.
Durante los años 30 y 40, el tema del voto femenino resurgió con fuerza. El presidente Lázaro Cárdenas había promovido una reforma en 1937 para otorgarles el sufragio, misma que fue aprobada por el Congreso, pero nunca promulgada. Aun así, aquel intento marcó un precedente importante y fortaleció el espíritu de las mujeres organizadas.
En los años posteriores, grupos feministas, maestras, trabajadoras y amas de casa se movilizaron, escribieron cartas, organizaron conferencias y marchas pacíficas. Su objetivo era claro: el reconocimiento de su ciudadanía plena. Así, cuando finalmente Ruiz Cortines firmó el decreto en 1953, se cumplía una vieja aspiración colectiva que simbolizaba el fin de una injusticia histórica.
El primer voto femenino y su impacto nacional
Las mujeres mexicanas votaron por primera vez en las elecciones federales de 1955, dos años después de la reforma constitucional. Fue un hecho que cambió para siempre la estructura política del país. Desde entonces, su participación en la vida pública se ha multiplicado en todos los niveles: desde las comunidades rurales hasta las más altas esferas del poder.
Hoy resulta imposible imaginar la democracia mexicana sin la presencia activa de las mujeres. De aquellas primeras votantes que acudieron a las urnas en 1955, hemos transitado hacia un país donde las mujeres son diputadas, senadoras, presidentas municipales, gobernadoras, magistradas, ministras y candidatas a la Presidencia de la República. Cada avance político y social tiene como raíz aquella reforma de 1953, que abrió las puertas a nuevas generaciones de liderazgos femeninos.
El eco en Chiapas: mujeres que transforman desde lo local
En Chiapas, este derecho tuvo una repercusión particular. Las mujeres chiapanecas, muchas de ellas provenientes de comunidades indígenas y rurales, enfrentaron durante décadas barreras culturales y sociales que limitaron su participación política. Sin embargo, su determinación ha sido ejemplo de transformación.
Hoy, Chiapas cuenta con mujeres en cargos públicos, en el Congreso local, en ayuntamientos y en espacios educativos y sociales. Desde los pueblos originarios hasta las zonas urbanas, el liderazgo femenino ha crecido con fuerza, impulsando causas como la educación, la salud, el medio ambiente y los derechos humanos.
Este avance no solo es fruto de políticas públicas, sino de una conciencia social que reconoce el valor, la voz y la visión de las mujeres. Cada maestra, campesina, empresaria o servidora pública que participa en la vida cívica es heredera directa de aquel 17 de octubre de 1953.
V. A 72 años de distancia: una conquista que debe mantenerse viva
Han pasado más de siete décadas desde que las mujeres mexicanas conquistaron su derecho al voto. No obstante, la lucha por la igualdad sustantiva continúa. Los desafíos actuales como la violencia política de género, la brecha salarial, la falta de oportunidades en zonas rurales y la representación equitativa nos recuerdan que los derechos se defienden todos los días.
Celebrar el 17 de octubre no es solo mirar hacia el pasado, sino renovar el compromiso con la justicia y la equidad. Es recordar que la democracia solo puede llamarse así cuando todas las voces son escuchadas y valoradas por igual.
Conclusión
El voto femenino en México representa una de las más grandes conquistas sociales del siglo XX. Gracias a la valentía de mujeres que se atrevieron a desafiar el silencio, hoy vivimos en un país más justo, donde la participación política femenina es pilar de la democracia.
El 17 de octubre de 1953 no solo cambió la ley: cambió la historia de México.
Y desde cada rincón del país incluido Chiapas esa historia sigue escribiéndose con el esfuerzo y la visión de las mujeres que día a día construyen un México más igualitario.


