
Un preocupante panorama de contaminación y abandono impera en el sistema de saneamiento de Chiapas. De las más de 300 plantas de tratamiento de aguas residuales existentes en el estado, ninguna opera a su máxima capacidad y la mayoría se encuentra inactiva o funcionando de manera parcial, lo que ha provocado que ríos y arroyos continúen recibiendo descargas de aguas negras sin ningún tipo de proceso.
De acuerdo con Felipe Irineo Pérez, director del Organismo de Cuenca Frontera Sur de la Conagua, la responsabilidad de operar y mantener esta infraestructura recae en los municipios, muchos de los cuales carecen de los recursos económicos y la capacidad técnica necesaria. “Podemos decir que ninguna funciona al 100 por ciento de manera eficiente”, sentenció el funcionario, agravando la situación tras la actualización normativa de 2021 que exige parámetros más estrictos para reducir la contaminación.
El impacto ambiental y social es severo. Mientras la cobertura de agua potable en la entidad es del 86 por ciento, el saneamiento apenas alcanza un 40 por ciento, dejando a más de un millón y medio de personas sin garantía plena al derecho humano al agua. Comunidades rurales que se abastecen directamente de ríos y manantiales consumen líquido contaminado, lo que deriva en recurrentes problemas de salud entre la población.
Ante este escenario, el rescate de las plantas se ha integrado al Plan Hídrico Nacional 2025-2030, pero el acceso a recursos federales está condicionado. De los 124 municipios de Chiapas, solo 73 han entregado y validado su plan hídrico ante la Conagua, un requisito indispensable para obtener financiamiento. La secretaria de Infraestructura, Anakaren Gómez Zuart, subrayó la nueva estrategia: “Lo que necesitamos es rescatar las plantas existentes antes de seguir invirtiendo en nuevas”, aunque el proceso de rehabilitación permanece, por ahora, paralizado. /Con información: oem.com.mx


