
La esperada cumbre entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el mandatario chino, Xi Jinping, concluyó sin los grandes resultados económicos y políticos que la Casa Blanca había anticipado. Aunque ambas potencias lograron mantener una frágil estabilidad en sus relaciones comerciales, la reunión dejó en evidencia que Pekín no está dispuesto a ceder en temas clave como Taiwán, Irán y la disputa tecnológica.
Antes del encuentro, Trump había prometido importantes acuerdos para impulsar la economía estadounidense, acompañado incluso por altos ejecutivos y empresarios. Sin embargo, el único anuncio relevante fue la compra de 200 aviones Boeing por parte de China, una cifra menor a los 500 aparatos que el republicano esperaba concretar. La noticia decepcionó a inversionistas y provocó una caída de las acciones de Boeing en Wall Street, reflejando el limitado alcance de las negociaciones.
En materia diplomática, ambas naciones acordaron mantener abierta la comunicación para evitar una nueva escalada en la guerra comercial iniciada tras los aranceles impuestos el año pasado. No obstante, persisten fuertes diferencias geopolíticas. China reiteró su rechazo a la postura estadounidense sobre Taiwán y expresó su inconformidad por el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, dejando claro que no modificará fácilmente sus prioridades estratégicas.
Analistas internacionales consideran que la cumbre sirvió más para contener tensiones que para resolverlas. Aunque Trump calificó las conversaciones como “fantásticas”, expertos europeos y estadounidenses coinciden en que el viaje mostró un cambio en el equilibrio global, con una China cada vez más firme frente a Washington y consciente de su peso económico y político en el escenario internacional. /Fuente: es.euronews.com


