UNESCO: Educación, Ciencia y Cultura 04 de Noviembre de 1946

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Los cimientos para construir la paz en el mundo

Por: Gilberto de los Santos Cruz

El 4 de noviembre de 1946 representa una fecha trascendental en la historia de la cooperación internacional. Ese día entró oficialmente en vigor la Constitución de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), después de que veinte países ratificaran el documento que daría vida a una de las instituciones más importantes en la promoción del conocimiento, la cultura, la educación y la paz en el mundo.

Su nacimiento fue resultado de una profunda reflexión de la humanidad ante las consecuencias devastadoras de la Segunda Guerra Mundial. Después de millones de vidas perdidas, ciudades destruidas y sociedades marcadas por el odio y la intolerancia, el mundo comprendió que la reconstrucción no podía limitarse a recuperar economías o establecer nuevos acuerdos políticos. Era necesario reconstruir también el pensamiento, los valores, la conciencia y la convivencia entre los pueblos.

Bajo esa visión, en noviembre de 1945 se celebró en Londres la conferencia para establecer la UNESCO. El 16 de noviembre de ese año se firmó su Constitución, que entraría en vigor el 4 de noviembre de 1946. Así comenzó formalmente una misión que trascendería generaciones y fronteras: contribuir a la paz y la seguridad internacional mediante la cooperación en educación, ciencia, cultura y comunicación.

Uno de los principios más profundos de su documento fundacional sostiene que las guerras nacen en la mente de las personas y que es precisamente en la mente donde deben construirse los fundamentos de la paz. Esta afirmación conserva una enorme vigencia en un mundo donde todavía existen conflictos armados, discriminación, desigualdad e intolerancia.

La UNESCO entendió que la paz no se consigue únicamente mediante tratados o decisiones de los gobiernos. También se construye en las aulas, en los hogares y en las comunidades, donde las personas aprenden a respetarse, dialogar y resolver sus diferencias sin recurrir a la violencia.

La educación como herramienta de transformación social

Hablar de la UNESCO es hablar de la educación como uno de los derechos fundamentales de toda persona y como una de las herramientas más poderosas para transformar las condiciones de vida de una sociedad.

Una escuela que abre sus puertas representa una oportunidad; un maestro que comparte sus conocimientos siembra posibilidades; una niña que aprende a leer comienza a descubrir un mundo de oportunidades, y un joven que accede a la educación superior encuentra herramientas para construir su futuro y contribuir al desarrollo de su comunidad.

Sin embargo, millones de personas todavía enfrentan dificultades para acceder a una educación de calidad. La pobreza, la marginación, la dispersión geográfica y las barreras lingüísticas continúan limitando las oportunidades de niñas, niños, jóvenes y adultos.

En Chiapas, esta reflexión adquiere un significado especial. Nuestra entidad posee una enorme riqueza cultural, lingüística y humana, pero también enfrenta desafíos históricos relacionados con el acceso a los servicios educativos, la alfabetización y la igualdad de oportunidades.

Por ello, la educación debe asumirse como una causa colectiva. Los programas de alfabetización, la formación docente, el fortalecimiento de las universidades y la atención a las comunidades indígenas deben formar parte de una misma visión: hacer del conocimiento un derecho efectivo y no un privilegio.

La ciencia y la cultura: conocimiento para un futuro mejor

Otro de los grandes pilares de la UNESCO es la ciencia, entendida como una herramienta para comprender nuestro entorno, encontrar soluciones a los problemas sociales y mejorar las condiciones de vida de la humanidad.

Hoy enfrentamos desafíos como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la escasez de agua y la transformación tecnológica. Todos requieren investigación, innovación y cooperación entre instituciones y países.

En Chiapas tenemos una responsabilidad especial. Nuestra biodiversidad, selvas, ríos y ecosistemas representan un patrimonio invaluable que requiere investigación, protección y aprovechamiento responsable. De igual manera, nuestra cultura constituye un elemento esencial de identidad. Preservar el patrimonio histórico, las expresiones artísticas, las lenguas indígenas y los conocimientos tradicionales significa proteger la memoria de nuestros pueblos.

En este contexto, es importante reconocer la contribución de la Universidad Autónoma de Ciencias y Artes de Chiapas (UNICACH), institución pública que ha participado en el fortalecimiento de la educación superior y el desarrollo académico, científico y cultural de nuestro estado.

A través de sus programas educativos, la formación de profesionistas, la investigación y sus actividades de extensión universitaria, la UNICACH contribuye a preparar nuevas generaciones capaces de responder a las necesidades de Chiapas. Su trabajo en disciplinas como la Arqueología, la Historia, las artes y las ciencias permite estudiar, preservar y difundir nuestro patrimonio cultural y natural.

De igual manera, mediante el Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica (CESMECA), impulsa investigaciones sobre los procesos sociales, culturales e históricos de nuestra región, aportando conocimientos para comprender mejor nuestra realidad. Su compromiso con la formación integral también refleja la importancia de vincular las ciencias, las artes y las humanidades en la educación.

Este trabajo universitario coincide con los principios de la UNESCO: reconocer que el conocimiento debe estar al servicio de la sociedad y que las instituciones educativas tienen la responsabilidad de contribuir a construir comunidades más justas, preparadas e incluyentes.

Fortalecer nuestras universidades públicas significa invertir en los jóvenes, en la investigación y en el futuro de Chiapas. Significa comprender que una universidad no solamente forma profesionistas, sino también ciudadanos comprometidos con su entorno y con el bienestar colectivo.

Una fecha para reflexionar sobre nuestro compromiso

A 80 años de la entrada en vigor de la Constitución de la UNESCO, su mensaje continúa invitándonos a reflexionar sobre el tipo de sociedad que estamos construyendo y la responsabilidad que tenemos frente a las nuevas generaciones.

No basta con recordar una fecha histórica; es necesario recuperar su esencia y convertir sus principios en acciones concretas. La educación debe seguir siendo una prioridad, la ciencia debe estar al servicio de la humanidad y la cultura debe reconocerse como un puente que une a los pueblos.

Desde Chiapas, debemos entender que cada escuela que se fortalece, cada estudiante que concluye sus estudios, cada persona que aprende a leer y escribir, cada investigación que encuentra soluciones a un problema comunitario y cada expresión cultural que se preserva representan avances hacia ese ideal.

La historia nos demuestra que las guerras pueden destruir generaciones, pero también nos enseña que la educación puede reconstruir sociedades enteras. Por eso, el legado de la UNESCO no pertenece solamente a los gobiernos ni a los organismos internacionales: nos pertenece a todos.

Porque construir la paz es una tarea compartida, y hacerlo a través de la educación, la ciencia y la cultura es apostar por un futuro donde las diferencias no nos separen, donde el conocimiento nos una y donde ninguna persona quede excluida de la oportunidad de vivir con dignidad.

La paz no comienza solamente cuando callan las armas; comienza cuando aprendemos a respetarnos, cuando abrimos las puertas del conocimiento y cuando entendemos que el futuro de la humanidad depende de nuestra capacidad para educar, comprender y convivir.