Día mundial sin coche

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Una pausa para repensar nuestra movilidad

Por: Gilberto de los Santos Cruz

Cada 22 de septiembre se conmemora el Día Mundial Sin Coche, una fecha que invita a reflexionar sobre la manera en que nos desplazamos diariamente y sobre los efectos que tiene el uso excesivo del automóvil en nuestras ciudades. Más que una jornada para señalar o prohibir el uso de los vehículos particulares, se trata de una oportunidad para imaginar ciudades donde caminar, utilizar la bicicleta, compartir el automóvil o emplear el transporte público sean alternativas reales, seguras y accesibles.

El automóvil transformó profundamente la vida de las sociedades modernas. Permitió reducir distancias, facilitar el traslado de personas y mercancías y conectar comunidades. Sin embargo, el crecimiento acelerado del parque vehicular también ha generado nuevos desafíos: congestionamientos, contaminación atmosférica, ruido, accidentes viales, ocupación del espacio público y mayores emisiones de gases de efecto invernadero.

Por ello, el Día Mundial Sin Coche representa una oportunidad para preguntarnos algo muy sencillo: ¿realmente necesitamos utilizar el automóvil para todos nuestros desplazamientos?

En muchas ocasiones, trayectos que podrían realizarse caminando, en bicicleta o mediante transporte colectivo se hacen en automóvil. La consecuencia es visible en las grandes ciudades: calles saturadas, largos tiempos de traslado y una creciente demanda de infraestructura vial. Paradójicamente, construir más espacios para los automóviles no siempre resuelve el problema de la movilidad; cuando aumenta el número de vehículos, también puede aumentar la congestión.

Una problemática mundial con efectos locales

La discusión sobre movilidad sustentable forma parte de una preocupación mundial relacionada con el cambio climático y la calidad de vida en las ciudades. El sector del transporte representa una fuente importante de emisiones contaminantes, particularmente cuando existe una alta dependencia de combustibles fósiles.

Pero el problema no debe observarse únicamente desde la perspectiva ambiental. También es un asunto social. Una ciudad diseñada exclusivamente alrededor del automóvil puede dificultar la movilidad de quienes no tienen vehículo propio: estudiantes, trabajadores, adultos mayores, personas con discapacidad y familias de menores ingresos.

Por eso, hablar de movilidad sustentable significa también hablar de igualdad de oportunidades.

Una ciudad verdaderamente moderna no es necesariamente aquella que tiene más automóviles, sino aquella que ofrece diferentes alternativas para que sus habitantes puedan trasladarse de manera segura, eficiente, económica y digna.

En México, este desafío está presente tanto en las grandes zonas metropolitanas como en ciudades medias. El crecimiento urbano ha incrementado las distancias entre viviendas, centros educativos, lugares de trabajo, comercios y servicios públicos. Esto ha generado una mayor dependencia del automóvil y, al mismo tiempo, una creciente necesidad de mejorar el transporte colectivo y la infraestructura para peatones y ciclistas.

¿Y Chiapas?

En Chiapas, particularmente en ciudades como Tuxtla Gutiérrez, el tema de la movilidad adquiere características propias. El crecimiento de la ciudad, el aumento de vehículos y la concentración de actividades económicas y administrativas generan diariamente miles de desplazamientos.

La capital chiapaneca cuenta con condiciones que pueden favorecer una movilidad diferente: distancias que en determinados sectores pueden recorrerse caminando o en bicicleta, espacios públicos que pueden conectarse mediante infraestructura ciclista y una población joven que utiliza cada vez más las tecnologías y nuevas alternativas de movilidad.

Sin embargo, para que la bicicleta o la caminata sean opciones cotidianas no basta con pedirle a la población que deje el automóvil. Es necesario crear condiciones adecuadas: ciclovías seguras, banquetas accesibles, iluminación, señalización, estacionamientos para bicicletas, cruces peatonales seguros y un transporte público eficiente.

También es fundamental generar una cultura de respeto entre todos los usuarios de la vía pública. El automovilista debe respetar al peatón y al ciclista; el ciclista debe conocer y respetar las normas de circulación; y las autoridades tienen la responsabilidad de generar infraestructura que reduzca los riesgos y permita convivir a los distintos modos de transporte.

La bicicleta como alternativa

La bicicleta puede convertirse en una herramienta importante para mejorar la movilidad urbana. No contamina durante su uso, requiere poco espacio, tiene costos de operación relativamente bajos y además contribuye a la actividad física.

Pero su verdadero potencial aparece cuando deja de considerarse solamente un instrumento recreativo y se reconoce como medio de transporte.

Un estudiante podría utilizarla para acudir a la escuela; un trabajador, para desplazarse a su centro laboral; una persona podría utilizarla para realizar compras cercanas. Para que esto sea posible, las ciudades necesitan redes conectadas y seguras, no solamente pequeños tramos aislados.

También existen nuevas posibilidades vinculadas con la tecnología. Sistemas de bicicletas públicas, aplicaciones móviles, tarjetas inteligentes, estaciones de préstamo y herramientas de geolocalización pueden facilitar el uso de este medio de transporte y hacerlo parte de una estrategia integral de movilidad.

De igual manera, los vehículos eléctricos, los sistemas de transporte colectivo de bajas emisiones y otras tecnologías pueden contribuir a reducir el impacto ambiental del transporte, siempre que formen parte de una planeación urbana integral.

Un día para cambiar hábitos

El Día Mundial Sin Coche no tiene que quedarse en una fecha del calendario. Puede convertirse en el punto de partida para pequeños cambios personales.

Un día podemos acudir caminando a un lugar cercano. Otro día podemos utilizar la bicicleta. Podemos compartir el automóvil cuando varias personas tienen el mismo destino o utilizar el transporte público cuando sea una alternativa conveniente.

Son acciones individuales que, multiplicadas por miles de ciudadanos, pueden generar una diferencia.

Pero también necesitamos cambios colectivos. Las autoridades municipales, estatales y federales tienen el reto de diseñar políticas públicas que privilegien la movilidad de las personas y no únicamente el flujo de automóviles.

La planificación urbana del futuro debe considerar al peatón, al ciclista, al usuario del transporte público, al motociclista y al automovilista. Todos forman parte de la misma ciudad.

Una ciudad para las personas

El Día Mundial Sin Coche nos recuerda que las calles no pertenecen exclusivamente a los automóviles. Son espacios públicos que deben servir para que las personas puedan trasladarse, convivir y desarrollar sus actividades cotidianas.

Reducir el uso innecesario del automóvil no significa estar en contra de quienes necesitan utilizarlo. Significa reconocer que existen otras posibilidades y que una ciudad saludable requiere diversidad de opciones.

En Chiapas tenemos la oportunidad de avanzar hacia una cultura de movilidad más sustentable. Las universidades, escuelas, empresas, organizaciones sociales y gobiernos pueden participar mediante campañas, programas de bicicleta, educación vial, transporte compartido y proyectos de innovación.

La transformación puede comenzar con algo tan sencillo como preguntarnos antes de encender el motor: ¿existe otra manera de llegar?

Quizá la respuesta sea caminar. Quizá utilizar una bicicleta. Tal vez tomar el transporte público o compartir el automóvil.

El 22 de septiembre es una invitación a experimentar esas posibilidades y a comprender que cada viaje también representa una decisión sobre el tipo de ciudad que queremos construir.

Porque una movilidad más sustentable no se trata solamente de tener menos automóviles en las calles. Se trata de tener ciudades más limpias, accesibles, seguras, saludables y humanas, donde trasladarse no sea una lucha cotidiana, sino un derecho que pueda ejercerse con dignidad.

El Día Mundial Sin Coche, finalmente, no nos pide solamente dejar estacionado el automóvil durante un día. Nos invita a pensar en el futuro y a construir, entre todos, una nueva cultura de movilidad.