
Por: Gilberto de los santos cruz
Hablar del futuro de Chiapas es hablar de sus niñas y niños. Sin embargo, garantizar un mejor porvenir no se logra solo con discursos, sino a través de la articulación efectiva de dos derechos fundamentales: la educación y la salud.
Por años, estas dos áreas se han atendido de manera paralela, cuando su conexión es inseparable. La evidencia es clara: un niño sano tiene mayores probabilidades de aprender, permanecer en la escuela y alcanzar su máximo potencial. Al mismo tiempo, una educación de calidad contribuye a que las personas cuiden su salud y la de su entorno.
En Chiapas, la necesidad de fortalecer la sinergia entre el sistema educativo y el de salud es urgente, especialmente en beneficio de la niñez.
La realidad de Chiapas: un panorama desafiante
Según datos del CONEVAL y del INEGI, Chiapas es el estado con mayor índice de pobreza en el país: el 74.5% de su población vive en condiciones de pobreza, y de ese porcentaje, el 28.2% enfrenta pobreza extrema. Esta situación impacta directamente en el bienestar de la niñez.
En materia educativa, el INEGI reporta que más del 15% de los niños y adolescentes chiapanecos no asisten a la escuela, y en comunidades rurales e indígenas, la cifra es aún más alarmante. A esto se suma el rezago educativo y la deserción escolar que se agudizan en las zonas de alta marginación.
Por el lado de la salud, Chiapas enfrenta serios desafíos: ocupa los primeros lugares en desnutrición infantil crónica, con un 17.5% de los menores de cinco años afectados, de acuerdo con cifras de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT 2022). Además, los casos de anemia, enfermedades gastrointestinales y problemas de salud mental van en aumento, principalmente en niñas y niños.
Fusionar educación y salud: una estrategia indispensable
Frente a estos retos, la separación de los sistemas educativo y de salud resulta contraproducente. La solución está en unir esfuerzos, recursos y estrategias para garantizar que las niñas y niños de Chiapas crezcan sanos y tengan acceso a una educación de calidad.
Esta sinergia se puede lograr mediante:
1. Escuelas Saludables: Crear entornos escolares donde se brinde atención médica preventiva, jornadas de vacunación, chequeos de nutrición y programas de salud mental. En Chiapas, solo el 38% de las escuelas primarias cuentan con acceso a servicios de salud de manera regular, según datos de la Secretaría de Educación estatal.
2. Alimentación Escolar de Calidad: Fortalecer los programas de desayunos escolares, priorizando alimentos nutritivos y adecuados. La desnutrición sigue siendo una barrera en el aprendizaje, afectando el desarrollo físico e intelectual de los estudiantes.
3. Educación para la Salud: Incluir en los planes de estudio temas de autocuidado, salud emocional, prevención de enfermedades y hábitos saludables. Hoy en día, el 50% de los casos de enfermedades prevenibles en la infancia se deben a la falta de información y educación en salud.
4. Salud Mental en las Aulas: Capacitar a docentes y directivos para la detección temprana de problemas emocionales, violencia o maltrato. La Secretaría de Salud de Chiapas ha reconocido un incremento preocupante en los casos de depresión y ansiedad en niños y adolescentes, especialmente tras la pandemia.
La niñez en zonas rurales e indígenas: prioridad máxima
En Chiapas, más del 60% de la población infantil vive en zonas rurales, y un importante porcentaje pertenece a comunidades indígenas. Son precisamente estas niñas y niños quienes enfrentan mayores barreras para acceder a servicios de salud y educación de calidad.
La distancia geográfica, la falta de infraestructura y la carencia de personal médico y docente en regiones apartadas profundizan las desigualdades. Por ello, la fusión de esfuerzos debe enfocarse, de manera prioritaria, en estas comunidades.
Se necesitan brigadas móviles de salud y educación, programas bilingües, respeto a las costumbres locales y una fuerte inversión en infraestructura que garantice que ningún niño o niña quede excluido.
Invertir en la niñez es invertir en Chiapas
Cada peso invertido en salud y educación de la infancia es una inversión en el futuro del estado. Diversos estudios internacionales demuestran que mejorar la salud y la escolaridad de las niñas y niños se traduce en menos pobreza, mayor productividad y sociedades más justas.
Además, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), por cada año adicional de escolaridad que logra un niño, sus ingresos futuros aumentan en un promedio del 10%, mientras que la cobertura de salud integral puede reducir hasta un 30% las enfermedades prevenibles.
Conclusión: la infancia debe ser prioridad
El bienestar de la niñez no puede seguir siendo abordado desde compartimentos estancos. Salud y educación deben caminar juntas, con acciones coordinadas, recursos suficientes y políticas públicas integrales.
Chiapas tiene grandes retos, pero también la oportunidad de ser ejemplo nacional al priorizar esta fusión de esfuerzos. Solo así lograremos que las niñas y niños crezcan sanos, fuertes, preparados y con igualdad de oportunidades.
Es momento de pasar de los discursos a los hechos. El futuro de Chiapas está en juego, y empieza en las aulas y en los centros de salud.


