
Exigir Justicia con Perspectiva de Genero
Por: Gilberto de los Santos Cruz.
Cada 25 de noviembre, el mundo detiene su rutina para recordar uno de los problemas sociales más graves, persistentes y dolorosos: la violencia contra las mujeres. La fecha, establecida oficialmente por la Organización de las Naciones Unidas en 1999, no surgió por casualidad ni como un simple gesto simbólico. Se eligió para honrar la memoria de las hermanas Mirabal Patria, Minerva y María Teresa, activistas políticas de República Dominicana asesinadas brutalmente en 1960 por la dictadura de Rafael Trujillo. Su historia sigue siendo un recordatorio de que la violencia de género no solo afecta a las mujeres en sus hogares, sino que puede ser ejercida desde estructuras de poder que buscan silenciar voces y frenar libertades.
Hoy, más de 60 años después, la lucha continúa. Este día representa una oportunidad para reflexionar, exigir justicia, promover cambios y acompañar a quienes han vivido violencia. Pero, sobre todo, es una fecha para reconocer que la erradicación de esta problemática requiere del compromiso de toda la sociedad.
Una violencia que persiste en múltiples formas
La violencia contra la mujer no es un fenómeno aislado ni exclusivo de un país o una región; es una realidad global que adopta diversas manifestaciones: física, psicológica, sexual, económica, patrimonial, digital o institucional. Cada una de estas expresiones vulnera la dignidad y los derechos humanos.
En México, las cifras revelan un panorama preocupante. Miles de mujeres viven agresiones cotidianas normalizadas dentro del hogar, en su entorno laboral, en espacios públicos, en redes sociales o incluso en instituciones que deberían protegerlas. Aunque se han generado leyes, campañas, protocolos y programas de atención, aún persisten barreras para garantizar la seguridad, la justicia y el acceso efectivo a servicios integrales.
Pero más allá de las estadísticas, hay nombres, historias y familias que enfrentan pérdidas irreparables. Cada caso evidencia que la violencia de género no solo afecta a la víctima directa, sino que fragmenta comunidades enteras, impacta a niñas y niños, y limita el desarrollo social y económico del país.
La importancia de romper el silencio
Durante años, el silencio ha sido uno de los principales aliados de la violencia. Muchas mujeres no denuncian por miedo, vergüenza, dependencia económica, desconocimiento de sus derechos o desconfianza en las instituciones. Por ello, el 25 de noviembre también es un llamado a generar entornos seguros que permitan que las víctimas hablen, se protejan y reciban apoyo.
Romper el silencio implica:
• Creer en la víctima, escucharla sin juzgarla y acompañarla.
• Generar redes comunitarias de apoyo, donde la mujer sepa que no está sola.
• Educar desde casa y desde la escuela en el respeto, la igualdad y la empatía.
• Fortalecer la participación ciudadana, para exigir justicia y políticas públicas efectivas.
A nivel institucional, es fundamental seguir avanzando en la capacitación de autoridades, la mejora de protocolos, la profesionalización de las investigaciones y la creación de espacios de atención accesibles y sensibles.
La educación como herramienta indispensable
Históricamente, la educación ha sido una de las herramientas más poderosas para transformar sociedades. En el contexto de la violencia de género, educar en igualdad puede cambiar mentalidades, prevenir conductas violentas y formar generaciones más empáticas y responsables.
Incluir perspectiva de género en las escuelas, universidades, hogares y espacios públicos no significa confrontación entre hombres y mujeres; por el contrario, se trata de construir relaciones basadas en el respeto mutuo y en la igualdad de oportunidades.
Una sociedad informada es capaz de detectar riesgos, visibilizar injusticias y actuar antes de que la violencia escale.
El papel de los gobiernos y de la sociedad civil
La eliminación de la violencia contra la mujer no es una tarea que pueda recaer únicamente en las autoridades; requiere de la colaboración entre gobiernos, instituciones, colectivos, organizaciones civiles, medios de comunicación y ciudadanía.
Los gobiernos tienen la responsabilidad de: Fortalecer marcos legales, Garantizar presupuesto para prevención, protección y atención, Mejorar los procesos de denuncia y justicia, Impulsar políticas públicas integrales y sostenibles.
La sociedad civil, por su parte, ha sido un motor fundamental para visibilizar esta problemática y acompañar a las víctimas. Sus campañas, marchas, refugios, líneas de ayuda y programas de apoyo emocional han salvado vidas.
Los medios de comunicación, especialmente los locales, también cumplen un papel clave al informar con responsabilidad, evitar revictimizar y promover una cultura de respeto e igualdad.
Un compromiso necesario en Chiapas
En Chiapas, como en todo el país, la violencia de género sigue siendo un reto urgente. En las zonas urbanas y rurales, miles de mujeres enfrentan barreras económicas, sociales y culturales que dificultan el acceso a la justicia y a una vida libre de violencia.
Esto exige fortalecer políticas públicas de prevención, atención psicológica, seguridad y autonomía económica. También es indispensable continuar promoviendo campañas comunitarias que lleguen a colonias, barrios y comunidades indígenas, donde la violencia puede normalizarse sin que existan mecanismos claros de apoyo.
El trabajo conjunto entre instituciones educativas, autoridades, organizaciones civiles y familias es fundamental para construir entornos más seguros y equitativos.
Un llamado a la acción
El 25 de noviembre no es solo una fecha en el calendario, sino un recordatorio de que ninguna sociedad puede aspirar al desarrollo mientras la mitad de su población vive con miedo o en riesgo.
Este día invita a reflexionar, pero también a actuar: A cuestionar actitudes y comportamientos que normalizan la violencia, A promover el respeto y la igualdad desde la niñez, A exigir justicia con perspectiva de género, A acompañar y no juzgar y A recordar que cada mujer tiene derecho a vivir sin violencia, sin miedo y con plena libertad.
La erradicación de la violencia contra la mujer es una causa que nos corresponde a todas y a todos. No es un asunto privado, es un desafío social que demanda voluntad, sensibilidad, educación y justicia.
Conclusión: que este día sea un punto de partida
El 25 de noviembre debe asumirse como una fecha de reflexión, pero también de compromiso. La violencia de género no desaparecerá por sí sola; requiere acciones concretas, decisiones valientes y una sociedad que no cierre los ojos ante el dolor ajeno.
Que esta conmemoración nos recuerde que cada paso hacia la igualdad es un paso hacia un futuro más justo, más humano y más seguro para todas las mujeres.


