
Primera Parte:
¿La Congruencia Ética?
A Fuego Lento
Por: Alberto Ramos García
—Pablo, el de siempre: soberbio y mentiroso
Pablo Salazar, exgobernador del estado de 2000-2006, intenta mostrarse como “perseguido político” pese a señalamientos de corrupción, abuso de poder y manipulación política.
Se le acusa de haber participado en el desafuero de Andrés Manuel López Obrador, desvío de recursos públicos, negligencia en la muerte de 28 bebés en Comitán, represión a comunidades indígenas y ataques a la libertad de expresión (Periódico Cuarto Poder)
¿Qué necesidad hacer olas en el gobierno de la Nueva ERA?
La soberbia y la amnesia sucumbe en la mente retorcida de Pablo Salazar, ¿acaso ya se le olvidó el acoso sistemático judicial en contra de sus crítico a su régimen dictatorial ?
Hablar de Pablo Salazar Mendiguchía implica entrar en una de las etapas más controvertidas de la vida política reciente de Chiapas, un periodo marcado por claroscuros, pero también por acusaciones graves que siguen proyectando una sombra incómoda sobre su figura pública.
Su gestión, que en su momento se presentó como una transición democrática tras décadas de Chiapas no había tenido un gobernador de seis años, terminó siendo cuestionada por múltiples señalamientos de corrupción, abuso de poder y prácticas autoritarias.
Años después de dejar el cargo, las acusaciones no sólo persistieron, sino que escalaron.
En 2011 fue detenido por delitos como peculado, asociación delictuosa y abuso de autoridad, el exgobernador Pablo Salazar Mendiguchía, lo tacho de una persecución política.
Entre los señalamientos más graves destaca el presunto desvío de al menos 104 millones de pesos del erario mediante mecanismos como un “bono sexenal”, así como irregularidades en fondos destinados a la reconstrucción tras el huracán Stan, donde incluso se habló de miles de millones de pesos sin claridad en su aplicación.
Más aún, investigaciones posteriores señalaron pagos por obras inconclusas y múltiples órdenes de aprehensión por delitos relacionados con el manejo indebido de recursos públicos; este cúmulo de acusaciones no puede entenderse como hechos aislados, sino como parte de una lógica de ejercicio del poder donde la opacidad y la discrecionalidad parecían ser norma.
La crítica, sin embargo, no se agota en lo financiero. Diversos sectores sociales han señalado que durante su gobierno se instauró un clima de persecución política.
La memoria colectiva en Chiapas no olvida las denuncias de acoso judicial contra críticos, opositores y actores incómodos para el régimen, desde periodistas hasta luchadores sociales.
Aunque estas acusaciones no siempre se tradujeron en sentencias judiciales firmes, sí dejaron una huella profunda en la percepción pública, la de un gobierno que, en lugar de fortalecer la pluralidad, optó por contenerla.
Paradójicamente, tras su salida del poder y aun después de haber enfrentado procesos penales, de los cuales varios se diluyeron o quedaron sin sustento judicial suficiente, Pablo Salazar ha buscado regresar al escenario político en distintas ocasiones, reapareciendo con discursos que apelan a la “esperanza” o a la “renovación”.
Su insistencia abre una pregunta incómoda pero necesaria: ¿se trata de una legítima participación política o de una ambición persistente por mantenerse en los reflectores?
¿Qué necesidad de hacer olas en el gobierno de la llamada “Nueva ERA”?
En un contexto donde Chiapas enfrenta desafíos estructurales como pobreza, desigualdad, rezago institucional, la irrupción constante de figuras del pasado con cuentas pendientes puede interpretarse no como una contribución al debate público, sino como un intento de reescribir su propia narrativa.
Y en ese intento, la soberbia puede convertirse en el principal obstáculo, la incapacidad de reconocer errores, de asumir responsabilidades o, simplemente, de retirarse con prudencia.
La “amnesia política” no sólo es un problema individual, sino colectivo. Cuando quienes ejercieron el poder bajo señalamientos graves buscan reposicionarse sin un ejercicio claro de rendición de cuentas, se tensiona la confianza ciudadana.
No se trata de negar derechos políticos, sino de cuestionar la congruencia ética.
Porque al final, la pregunta de fondo no es si puede volver a aparecer en la vida pública, sino con qué autoridad moral lo hace; y esa autoridad no se construye con discursos ni con nostalgia política, sino con memoria, transparencia y responsabilidad frente al pasado.
Entre líneas…
Durante los años en que figuras como Patrocinio González Garrido le apostaron a la liga de baloncesto, Pablo Salazar Mendiguchía estuvo en el escenario político de Chiapas, algunos relatos y percepciones ciudadanas han sugerido que no todo fue transparencia en el manejo de ciertos recursos.
Se ha llegado a comentar, en círculos informales y conversaciones de pasillo, que en aquel entonces pudo haber existido un manejo irregular de fondos destinados al desarrollo de ligas deportivas, como el baloncesto.
Historias que hablan de recursos que, en lugar de fortalecer canchas, uniformes o torneos, habrían tomado otros rumbos menos claros.
Más aún, dentro de estas versiones no confirmadas, se menciona incluso la posibilidad de que tales situaciones estuvieron cerca de tener consecuencias legales para algunos actores involucrados, uno de ellos el exgobernador Pablo Salazar.
Finalmente…
La Presidenta Claudia Sheinbaum, de “lejitos” ve, al ex gobernador oriundo de Soyalò, y él ya soñaba en ser Senador
Nos leemos mañana , Dios mediante, y recuerden , la soberbia mata al hombre o al orgulloso, provocando su ruina, fracaso o caída, según el proverbio bíblico “La soberbia precede al fracaso”


