Día de la Mujer Indígena, 05 de Septiembre

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  • Guardianas de la Palabra y la Memoria

Por: Gilberto de los Santos Cruz.

Cada 5 de septiembre, el mundo vuelve la mirada hacia las mujeres indígenas, hacia aquellas mujeres que, generación tras generación, han mantenido viva la memoria de sus pueblos, sus lenguas, sus tradiciones y sus saberes. El Día Internacional de la Mujer Indígena no es solamente una fecha para recordar; es una oportunidad para reconocer la fuerza, la dignidad, la resistencia y las aportaciones de millones de mujeres que han sido fundamentales en la construcción de nuestras sociedades.

Esta conmemoración tiene su origen en 1983, durante el Segundo Encuentro de Organizaciones y Movimientos de América, celebrado en Tiahuanacu, Bolivia. La fecha fue establecida en homenaje a Bartolina Sisa, mujer indígena aymara que luchó contra la dominación colonial española y que fue asesinada el 5 de septiembre de 1782. Su figura se convirtió en un símbolo de resistencia, valentía y defensa de los derechos de los pueblos originarios.

Por ello, hablar de la mujer indígena es hablar de una historia de lucha, pero también de esperanza. Es reconocer a quienes han defendido sus territorios, preservado sus conocimientos ancestrales, transmitido sus lenguas a las nuevas generaciones y sostenido la vida comunitaria. En muchas regiones del mundo, las mujeres indígenas son guardianas de semillas, de la biodiversidad, de la medicina tradicional, de la gastronomía, de la música, de los textiles y, sobre todo, de la palabra.

De acuerdo con organismos internacionales, existen alrededor de 476 millones de personas indígenas en unos 90 países, y las mujeres representan aproximadamente la mitad de esa población. Sin embargo, detrás de estas cifras existen realidades complejas: discriminación, desigualdad económica, dificultades para acceder a educación y salud, violencia y una limitada participación en algunos espacios de decisión.

Por eso, esta fecha debe servir también para preguntarnos qué estamos haciendo como sociedad para que las mujeres indígenas puedan ejercer plenamente sus derechos y para que sus voces sean escuchadas.

México: una nación que habla a través de sus pueblos originarios

México no puede entenderse sin sus pueblos indígenas. Son parte esencial de nuestra identidad y de la diversidad cultural que caracteriza a nuestro país. El Censo de Población y Vivienda 2020 estimó que 23.2 millones de personas de tres años y más se autoidentificaban como indígenas; de ellas, 11.9 millones eran mujeres.

En este contexto, las mujeres indígenas tienen un papel fundamental como transmisoras de conocimientos y como agentes de transformación dentro de sus comunidades. Muchas son educadoras, artesanas, campesinas, profesionistas, servidoras públicas, investigadoras, defensoras de derechos y líderes comunitarias.

También son protagonistas de una batalla que pocas veces recibe la atención que merece: la defensa de las lenguas originarias.

Una lengua no es únicamente un conjunto de palabras. En ella viven la historia, la cosmovisión, los valores, los conocimientos y la manera de comprender el mundo de un pueblo. Cuando una lengua desaparece, se pierde una parte irreemplazable de la humanidad.

Por ello, defender las lenguas indígenas significa también defender a las mujeres que las hablan, las enseñan y las transmiten a sus hijas, hijos, nietas y nietos.

Chiapas: donde la palabra de los pueblos sigue viva

En Chiapas, esta reflexión adquiere un significado especial. Nuestro estado posee una extraordinaria riqueza cultural y lingüística, representada por pueblos como los tsotsiles, tseltales, choles, tojolabales, zoques, lacandones, entre otros.

Aquí, miles de mujeres indígenas mantienen vivas las palabras que aprendieron de sus madres y abuelas. En sus hogares, comunidades y escuelas, la lengua continúa siendo un puente entre generaciones.

Reconocer esta realidad implica entender que las lenguas originarias no deben ser vistas como un elemento del pasado, sino como lenguas vivas, capaces de convivir con la modernidad, la ciencia, la tecnología y la educación.

En este sentido, el gobierno que encabeza el gobernador Dr. Eduardo Ramírez Aguilar ha colocado en el centro de la agenda pública el reconocimiento de los pueblos originarios y de la diversidad cultural de Chiapas. Un ejemplo significativo fue la reforma al artículo 7 de la Constitución Política del Estado, aprobada en febrero de 2025, mediante la cual se armonizó el marco estatal con el federal para reconocer a los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas como sujetos de derecho público, fortaleciendo también el reconocimiento de sus derechos y de los procesos de consulta.

Esta visión representa un paso importante: pasar de hablar de los pueblos originarios a escucharlos, reconocerlos y garantizar su participación.

La educación como camino para preservar nuestras lenguas

En esta tarea, la educación desempeña un papel fundamental. Y en Chiapas, la Secretaría de Educación, bajo el liderazgo del Dr. Roger Adrián Mandujano Ayala, ha impulsado una visión educativa que reconoce la diversidad cultural y lingüística como una riqueza y no como una barrera.

La Dirección de Educación Indígena cuenta actualmente con una amplia estructura que atiende a miles de niñas, niños y jóvenes en comunidades originarias, con más de 12 mil docentes distribuidos en 158 zonas escolares y 17 jefaturas, fortaleciendo la preservación, revitalización y transmisión de las lenguas y saberes originarios.

Esta labor adquiere especial relevancia cuando se entiende que educar en las lenguas originarias significa también educar desde la identidad.

El proyecto educativo estatal ha incorporado principios como el Lekil Kuxlejal, el Buen Vivir, vinculando los aprendizajes escolares con los saberes comunitarios y ancestrales. Se trata de una perspectiva que reconoce que la educación no debe desprender a las nuevas generaciones de sus raíces, sino proporcionarles herramientas para avanzar sin renunciar a ellas.

Un ejemplo de esta nueva visión es el impulso a herramientas tecnológicas para fortalecer la alfabetización en lenguas indígenas. La Secretaría de Educación ha trabajado en propuestas que incorporan inteligencia artificial para apoyar la alfabetización y la revitalización lingüística, comenzando con el tsotsil, mediante herramientas capaces de facilitar procesos de transcripción y traducción entre tsotsil y español.

Esto nos demuestra algo fundamental: la tradición y la tecnología no tienen por qué estar enfrentadas. La tecnología puede convertirse también en una aliada para preservar aquello que durante siglos ha dado identidad a nuestros pueblos.

Asimismo, el programa “Chiapas Puede” ha incorporado una perspectiva intercultural mediante procesos de consulta a pueblos indígenas y afromexicanos, procurando que la información llegue tanto en español como en las respectivas lenguas originarias de las comunidades.

La mujer indígena no sólo pertenece a la historia: es parte del futuro

El verdadero significado del 5 de septiembre está en comprender que la mujer indígena no debe ser vista únicamente como símbolo de una tradición ancestral. Es una mujer del presente y protagonista del futuro.

Es la niña que aprende a leer y escribir en su lengua materna; la joven que llega a la universidad; la maestra que enseña en su comunidad; la artesana que convierte sus conocimientos en una fuente de ingreso; la investigadora que estudia la riqueza de su cultura; la madre que transmite una lengua; la mujer que participa en las decisiones de su comunidad y la profesionista que ocupa espacios que durante mucho tiempo le fueron negados.

Por eso, conmemorar a la mujer indígena significa reconocer su derecho a educarse, participar, decidir, emprender, gobernar, crear y transformar.

En Chiapas tenemos una enorme responsabilidad. No basta con sentir orgullo por nuestras lenguas y culturas; tenemos que generar las condiciones para que puedan vivir, desarrollarse y transmitirse.

Que ninguna niña tenga que dejar de hablar su lengua para sentirse aceptada. Que ninguna mujer tenga que ocultar su identidad para acceder a una oportunidad. Que ninguna lengua originaria sea considerada inferior.

El legado de Bartolina Sisa sigue vigente. Su historia nos recuerda que la dignidad no se hereda: se defiende y se construye todos los días.

Este 5 de septiembre, reconozcamos a las mujeres indígenas de Chiapas, de México y del mundo. Reconozcamos su fortaleza, su inteligencia, su capacidad de organización y su profunda contribución a la humanidad.

Porque cuando una mujer indígena conserva su lengua, conserva una historia.

Cuando enseña esa lengua a sus hijos, transmite identidad.

Cuando defiende su cultura, defiende la memoria de un pueblo.

Y cuando tiene acceso a la educación, a la participación y a nuevas oportunidades, abre caminos para las generaciones que vienen.

En Chiapas, preservar nuestras lenguas originarias es preservar nuestra propia identidad. Y reconocer a las mujeres que las mantienen vivas es reconocer que, en cada palabra que pronuncian, también habla la historia de nuestros pueblos.

El 5 de septiembre no es sólo un día para recordar a Bartolina Sisa. Es un día para escuchar a las mujeres indígenas de hoy y construir, junto con ellas, el Chiapas que queremos para mañana.