El Poder Transformador de Educar con el Alma

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“Sembradores de Futuro”

Por: Gilberto de los Santos Cruz.

Cada 21 de abril, en México celebramos el Día de la Educadora y el Educador, una fecha profundamente significativa que honra a quienes, con vocación, sensibilidad y compromiso, dedican su vida a la formación de la niñez en sus primeros años. Esta conmemoración coincide con el natalicio de Friedrich Fröbel, visionario que entendió algo esencial: la educación comienza mucho antes de que los niños aprendan a leer y escribir; inicia en el juego, en el afecto, en el descubrimiento del mundo.

Desde mi responsabilidad como subsecretario de educación en el estado de Chiapas, quiero expresar un reconocimiento sincero y profundo a todas y todos los educadores que trabajan en el nivel preescolar. Su labor no solo es importante: es fundamental. En sus manos se encuentra la base sobre la cual se construye todo el sistema educativo y, más aún, el futuro de nuestra sociedad.

Hablar de educación inicial es hablar de esperanza. Es mirar a los ojos de una niña o un niño y ver en ellos la posibilidad de un mundo mejor. En cada aula de preescolar se siembran valores, se despierta la curiosidad, se fortalece la autoestima y se desarrollan habilidades que acompañarán a las personas durante toda su vida. Ahí, en esos primeros años, se aprende a convivir, a respetar, a imaginar y a soñar.

Las educadoras y educadores de Chiapas enfrentan desafíos particulares. Nuestro estado es rico en cultura, en lenguas, en tradiciones, pero también presenta realidades complejas que exigen sensibilidad y vocación auténtica. Muchas veces, el trabajo docente se desarrolla en contextos donde los recursos son limitados, donde las distancias son largas y donde las condiciones no siempre son las ideales. Sin embargo, es precisamente en esos escenarios donde el compromiso de nuestras y nuestros educadores se vuelve más admirable.

Porque educar en Chiapas no es solo enseñar contenidos; es también comprender contextos, respetar identidades, construir comunidad. Es entrar al aula con el corazón abierto y la convicción de que cada niña y cada niño merece una oportunidad real de desarrollo. Es reconocer que la educación es, ante todo, un acto profundamente humano.

En este nivel educativo, el juego no es un pasatiempo: es una herramienta pedagógica poderosa. A través de él, los niños exploran, experimentan y construyen conocimiento. Las educadoras y educadores son guías en ese proceso, acompañando con paciencia y creatividad cada paso del aprendizaje. Son quienes convierten una canción en una lección, un dibujo en una expresión de identidad, una historia en una ventana al mundo.

Hoy más que nunca, es necesario revalorar el papel de la educación preescolar. En una sociedad que a menudo mide el éxito en resultados inmediatos, debemos recordar que los aprendizajes más importantes son aquellos que no siempre se pueden cuantificar: la empatía, la confianza, la capacidad de convivir y de resolver conflictos. Esos aprendizajes nacen en la infancia, y son cultivados por manos expertas que saben que educar es también amar.

Como autoridades educativas, tenemos la responsabilidad de respaldar esta labor. Esto implica no solo reconocer el trabajo de nuestras educadoras y educadores, sino también garantizar mejores condiciones para su desempeño, fortalecer su formación continua y dignificar su profesión. La transformación educativa que buscamos no será posible sin ellas y ellos.

En Chiapas estamos comprometidos con una educación que sea inclusiva, equitativa y de calidad. Sabemos que ese compromiso empieza desde el nivel preescolar. Por ello, seguiremos impulsando políticas que fortalezcan este nivel educativo, que reconozcan la diversidad cultural de nuestro estado y que coloquen al estudiante en el centro de todo esfuerzo.

Pero más allá de las políticas y los programas, hay algo que no se puede decretar ni imponer: la vocación. Y eso es lo que distingue a nuestras educadoras y educadores. Esa capacidad de entregar más allá de lo esperado, de encontrar alegría en los pequeños logros, de celebrar cada avance como un triunfo colectivo.

En este Día de la Educadora y el Educador, quiero invitar a toda la sociedad a reflexionar sobre la importancia de esta labor. A valorar a quienes, día con día, construyen los cimientos del futuro de nuestros hijos. A reconocer que en cada aula de preescolar hay historias de esfuerzo, de dedicación y de amor por la enseñanza.

Porque si queremos un Chiapas más justo, más próspero y humano, debemos empezar por donde todo comienza: la infancia.

A todas y todos los educadores, gracias. Gracias por su paciencia, por su entrega, por su compromiso inquebrantable. Gracias por creer en cada niña y cada niño, incluso cuando el camino parece difícil. Gracias por sembrar esperanza donde más se necesita.

Hoy celebramos su labor, pero también reafirmamos nuestro compromiso de caminar a su lado. Porque educar no es solo una tarea del aula; es una responsabilidad compartida. Y juntos, podemos construir un mejor futuro para Chiapas.

Feliz Día de la Educadora y el Educador.