
Lo que hoy sucede en nuestro país llena de tristeza y rabia a quienes aún creemos en la soberanía y la paz de los pueblos. En un contexto de transición política y de poder, se nos ha hecho creer que los horrores del pasado quedaron atrás, pero la realidad nos golpea con una verdad amarga: las mismas dinámicas de violencia, corrupción e impunidad persisten. Hoy, la paz de familias inocentes ha sido arrebatada cruelmente, llevando a nuestra sociedad a un punto de quiebre que no podemos ignorar.
Es momento de abrir los ojos, de despertar conciencia y asumir responsabilidad colectiva. Una y otra vez, caemos en los mismos errores durante las campañas políticas, permitiendo que el poder regrese a manos de quienes no representan al pueblo, sino a intereses propios. Aquellos que se llenan la boca proclamándose “del pueblo” no son más que una continuación de los sistemas que han empobrecido y dividido a nuestra nación.
No basta con culpar a quienes gobiernan; también es nuestra culpa como sociedad por no exigir, por no actuar con criterio y por no elegir con responsabilidad. Mientras tanto, las verdaderas víctimas de este sistema injusto son las y los trabajadores que día a día luchan por subsistir, muchas veces en condiciones indignas, sin más recompensa que la de sobrevivir al día siguiente. ¿Cuántos más deben pagar con su vida para que entendamos que este modelo está roto?
El día de hoy, con muertos en nuestras calles y hogares rotos, nos enfrentamos a una dolorosa realidad que recuerda los horrores de Ayotzinapa. Años después, seguimos siendo testigos de un Estado que falla en proteger a su gente y que, en cambio, permite que se perpetúen actos de violencia que marcan generaciones enteras. Lo que ocurrió entonces y lo que ocurre ahora no son tragedias aisladas, sino consecuencias de un sistema que no hemos tenido el valor de transformar.
Debemos detenernos. No podemos permitir que los responsables de estos horrores sigan en el poder. No podemos seguir siendo cómplices de un círculo vicioso que arranca vidas y destruye futuros. Es momento de actuar, de apostar por una conciencia política que priorice la justicia, la verdad y el bienestar de quienes realmente conforman este país. Si no lo hacemos, estaremos condenados a repetir, una y otra vez, las tragedias que hoy nos indignan y nos paralizan.
No más Ayotzinapas. No más familias destrozadas. Es hora de construir un México que honre la vida, que respete al pueblo y que haga justicia.
Autor: Elias Díaz Gutiérrez.


