La sensibilidad humana de Eduardo Ramírez Aguilar

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  • Escuchar, atender y actuar ante la población

A Fuego Lento.

Por: Alberto Ramos García.

—Quienes conocen la trayectoria de Eduardo Ramírez Aguilar saben que una de las características que más reconocen las y los chiapanecos en su forma de gobernar es precisamente la sensibilidad humana—

Hay una vieja costumbre entre los políticos que parece resistirse al paso del tiempo: aparecer cuando la crisis ha pasado para reclamar los aplausos.

Es la práctica común de quienes pretenden saludar con sombrero ajeno y buscan rentabilidad política donde otros si pusieron el esfuerzo, la voluntad y la responsabilidad.

La reciente emergencia que vivió el menor Pabel Aleksy Hernández Cruz, originario de Pico de Oro, en el municipio de Marqués de Comillas, exhibe precisamente esa vieja “maña” que tanto indigna a la ciudadanía.

Mientras una familia luchaba contra la desesperación, observando cómo su hijo sufría severas convulsiones, caía en estado de coma y requería un traslado urgente a un hospital de mayor capacidad en Tuxtla Gutiérrez, el tiempo corría en contra.

No actuó oportunamente la Secretaría de Salud y mucho menos estuvo presente la autoridad municipal; claro, no era momento de discursos, fotografías ni estrategias de comunicación, era momento de actuar.

Los familiares, amigos y ciudadanos que siguieron de cerca el caso saben perfectamente quién escuchó el llamado de auxilio y quién respondió cuando cada minuto podía representar la diferencia entre la vida y la muerte.

Sin embargo, una vez que la aeronave ya había sido movilizada y el operativo estaba en marcha, aparecieron los comunicados oficiales del alcalde intentando construir una narrativa distinta; desde las redes institucionales del Ayuntamiento de Marqués de Comillas se difundió un mensaje que atribuía al gobierno municipal la “gestión urgente” del helicóptero que trasladó al menor.

La versión oficial sonaba bien, creíble y hasta de aplaudir, el problema es que, quienes participaron directamente en la solicitud de ayuda, contaban otra realidad.

La intervención decisiva provino del gobernador de Chiapas, Eduardo Ramírez Aguilar, quien, atendiendo el llamado de emergencia, facilitó la respuesta institucional que permitió el traslado aéreo del menor hacia la capital del estado para recibir atención especializada.

Y es aquí donde aparece la diferencia entre ejercer el poder y servir a la gente.

Porque el servicio público no se mide por la cantidad de publicaciones en redes sociales ni por la velocidad con la que se redacta un boletín de prensa, se mide por la capacidad de responder cuando una familia se encuentra al borde de la tragedia.

Quienes conocen la trayectoria de Eduardo Ramírez Aguilar saben que una de las características que más reconocen las y los chiapanecos en su forma de gobernar es precisamente la sensibilidad humana; su disposición para escuchar, atender y actuar frente a las necesidades de la población, especialmente cuando se trata de situaciones que ponen en riesgo la vida.

La solidaridad genuina no necesita propaganda; la ayuda verdadera no requiere apropiarse de méritos ajenos, por eso resulta lamentable que existan autoridades más preocupadas por aparecer en la fotografía que por reconocer con honestidad el origen de las soluciones.

Porque cuando la política se convierte en una competencia por el protagonismo, la verdad suele ser la primera víctima.

Los ciudadanos no son ingenuos, saben distinguir entre quien toca puertas para conseguir ayuda y quien aparece después para tomarse la foto, saben identificar quién asumió la responsabilidad cuando la emergencia estaba en su punto más crítico y quién simplemente quiso sumarse al resultado.

En política, como en la vida, el reconocimiento debe corresponder a quien hizo el trabajo; y en esta historia, mientras una familia luchaba por salvar a su hijo, hubo quien actuó movido por la responsabilidad y la sensibilidad humana.mientra que hubo quienes intentaron convertir esa angustia en una oportunidad de promoción personal.

Esa es la diferencia entre servir y servirse, como lo ha dicho el propio gobernador Eduardo Ramírez, porque al final, los sombreros ajenos suelen quedar grandes, y la verdad, por más que algunos intenten maquillarla, siempre termina encontrando la manera de salir a la luz.

Nos léenos mañana, Dios mediante, y recuerden: Indudablemente, el humanismo no está solo en el discurso , sino esta en los hechos, y salvar la vida del niño Pabel Aleksy Hernández Cruz, es una enseñanza de humanismo.