
- Memoria para la prevención, 19 de Septiembre; Las Terremotos que marcaron nuestra historia: 1985 y 2017
Por: Gilberto de los Santos Cruz.
Cada 19 de septiembre, México vive una jornada que combina memoria, solidaridad y prevención. Es una fecha profundamente arraigada en la conciencia colectiva del país, porque nos recuerda dos de los terremotos que marcaron nuestra historia reciente: el ocurrido en 1985 y el registrado en 2017 en la Ciudad de México.
Más que una fecha en el calendario, el 19 de septiembre representa una oportunidad para recordar a quienes perdieron la vida, reconocer la solidaridad de miles de mexicanos que acudieron en auxilio de sus semejantes y, sobre todo, comprender que la prevención puede salvar vidas.
El 19 de septiembre de 1985, a las 7:19 de la mañana, un poderoso sismo de magnitud 8.1 provocó una de las mayores tragedias de la historia contemporánea de México. La Ciudad de México sufrió graves daños en edificios, viviendas, hospitales, escuelas y diversas instalaciones.
La dimensión de aquella tragedia transformó para siempre la manera en que nuestro país entendía los riesgos naturales. La sociedad mexicana demostró una extraordinaria capacidad de organización. Vecinos, estudiantes, trabajadores, médicos, enfermeras, rescatistas y ciudadanos comunes participaron en las labores de búsqueda y auxilio. La solidaridad se convirtió en una fuerza capaz de enfrentar la emergencia.
Las costureras: una tragedia dentro de la tragedia
Entre las historias más dolorosas de aquel terremoto se encuentra la de miles de mujeres que trabajaban en talleres de costura ubicados principalmente en la zona de San Antonio Abad, en el centro de la capital.
Más de 800 talleres de costura resultaron destruidos y otros establecimientos quedaron inactivos. Muchos funcionaban de manera clandestina y presentaban condiciones laborales y de seguridad deficientes. Las estructuras soportaban el peso de maquinaria y grandes rollos de tela, lo que agravó las consecuencias de los derrumbes. Diversas investigaciones estiman que entre 600 y 800 trabajadoras de la industria textil perdieron la vida, aunque no existe un registro definitivo de todas las víctimas.
La tragedia también puso al descubierto las difíciles condiciones en las que muchas costureras trabajaban: largas jornadas, bajos salarios, falta de seguridad social y ausencia de prestaciones laborales. Miles de sobrevivientes quedaron sin empleo y, en numerosos casos, sin indemnización.
Pero de aquella tragedia también nació una importante organización social. Las trabajadoras comenzaron a unirse para exigir sus derechos y, en octubre de 1985, registraron el Sindicato Nacional de Trabajadoras de la Industria de la Costura, Confección, Vestido, Similares y Conexos “19 de Septiembre”. Posteriormente, algunas de ellas también impulsaron cooperativas para trabajar de manera organizada y buscar mejores condiciones laborales.
La historia de las costureras constituye una de las grandes lecciones sociales del terremoto de 1985: una tragedia puede revelar problemas que permanecían ocultos, pero también puede generar organización, solidaridad y conciencia sobre los derechos de los trabajadores.
2017: nuevamente la tierra estremeció a México
Treinta y dos años después, el 19 de septiembre de 2017, la tierra volvió a estremecer al centro del país. Un sismo de magnitud 7.1, con epicentro en Puebla, afectó principalmente a Morelos, Puebla y la Ciudad de México, además de otras entidades.
Nuevamente hubo pérdidas humanas, edificios colapsados y miles de personas afectadas. Pero también volvió a aparecer la solidaridad. Las calles se llenaron de ciudadanos que ayudaban a remover escombros, llevar alimentos, agua y medicamentos, acompañar a las familias y colaborar con los cuerpos de emergencia.
El recuerdo de 1985 y 2017 nos deja una enseñanza fundamental: los fenómenos naturales no pueden evitarse, pero sí podemos disminuir sus consecuencias mediante la prevención, la preparación y una adecuada cultura de protección civil.
Los simulacros: aprender antes de que ocurra una emergencia
Por ello, cada 19 de septiembre los simulacros adquieren un significado especial.
No se trata simplemente de hacer sonar una alarma, salir de un edificio y regresar unos minutos después. Un simulacro permite evaluar qué tan preparados estamos para responder ante una emergencia real.
Permite identificar las rutas de evacuación, conocer los puntos de reunión, organizar brigadas, detectar obstáculos, revisar protocolos y, sobre todo, enseñar a las personas cómo actuar sin caer en el pánico.
Las escuelas tienen un papel fundamental. En ellas se encuentran niñas, niños, adolescentes, docentes y trabajadores que deben conocer los protocolos de actuación. Un simulacro escolar también representa una oportunidad para formar desde la infancia ciudadanos conscientes de los riesgos.
Las empresas privadas también tienen una responsabilidad importante. Oficinas, fábricas, comercios y establecimientos que reciben diariamente a muchas personas deben contar con medidas de seguridad, brigadas y protocolos de emergencia.
De igual manera, las instituciones de gobierno deben mantener actualizados sus planes de protección civil y garantizar que su personal conozca los procedimientos de actuación.
Chiapas y la cultura de la prevención
Para Chiapas, hablar de prevención es particularmente importante. Nuestro estado enfrenta diversos fenómenos naturales y riesgos que requieren instituciones preparadas y una sociedad informada.
El gobernador Eduardo Ramírez Aguilar ha respaldado las acciones de protección civil y la coordinación institucional para fortalecer la prevención y la capacidad de respuesta ante emergencias. En 2026, el Gobierno de Chiapas reforzó la coordinación del Consejo Estatal de Protección Civil y anunció acciones para incorporar al estado a la Alerta Sísmica Nacional mediante dispositivos móviles.
La prevención, por tanto, debe ser una tarea permanente y no solamente una actividad de un día. Gobierno, ayuntamientos, escuelas, empresas, organizaciones sociales y familias tenemos una responsabilidad compartida.
Recordar para proteger la vida
El 19 de septiembre no debe ser solamente un día para recordar la tragedia. Debe ser un día para renovar nuestro compromiso con la vida.
Participar en un simulacro, conocer las rutas de evacuación, identificar los puntos de reunión, preparar una mochila de emergencia, revisar las condiciones de nuestra vivienda y hablar con nuestra familia sobre qué hacer durante un sismo son acciones sencillas que pueden marcar una enorme diferencia.
México aprendió una dolorosa lección en 1985 y volvió a enfrentarla en 2017. La historia de las costureras nos recuerda, además, que la seguridad en los centros de trabajo y el respeto a los derechos laborales forman parte también de una verdadera cultura de prevención.
Este 19 de septiembre, cuando escuchemos la alerta y participemos en un simulacro, hagámoslo con seriedad. Pensemos que cada minuto de preparación puede representar una oportunidad para salvar una vida.
Porque recordar no significa vivir en el miedo.
Recordar significa aprender.
Aprender significa prepararnos.
Y prepararnos significa proteger la vida.


